Cosas que hice en Japón y repetiría (y las que no)
Diario de viaje

Cosas que hice en Japón y repetiría (y las que no)

Del omakase al ryokan, pasando por algún error de calendario. Balance honesto de lo que repetiría de mi viaje a Japón — y lo que no.

Diecisiete días dan para probar muchas cosas, y no todas estuvieron a la altura, la verdad. Este es mi balance honesto, sin filtros.

Torii flotante en Miyajima
Miyajima de noche, uno de los aciertos que repetiría sin dudarlo.

Repetiría sin dudarlo: el omakase. Sentarte en la barra mientras el chef prepara cada pieza delante de ti es de esas experiencias que justifican solo por sí mismas el viaje entero.

Repetiría: dormir en un ryokan. El tatami, el futón, la cena kaiseki, el onsen antes de dormir. Es la experiencia más "japonesa" de todo el viaje, sin discusión.

Repetiría: llegar a Fushimi Inari antes de las 8:00. La diferencia entre verlo vacío o lleno de gente es abismal, no exagero nada.

Repetiría: quedarme a dormir en Miyajima. Cuando se van los turistas del día, la isla se queda casi vacía y puedes pasear junto al torii flotante sin una sola persona alrededor.

Los aciertos superaron con muchísima diferencia a los fallos. Pero si vuelvo, sé exactamente qué ajustar de todo.

No repetiría: intentar exprimir cada minuto de algunos días. Con el tiempo aprendí que en Japón, dejar algo sin ver está completamente bien.

No repetiría: no reservar el omakase con más antelación. Los mejores sitios se llenan con semanas de margen, y por poco nos quedamos sin plaza.

Lo que sí cambiaría: más tiempo y más presupuesto

Mi balance honesto es que el viaje valió la pena, pero habría ido con más tiempo y con más dinero. Había tantísimas cosas que hacer y ver que no paramos jamás, y habríamos necesitado más días para ir con calma. Sobre todo para conocer Tokio mejor: es una ciudad en la que 17 días en total se quedan cortos.

También habría reservado más presupuesto para moverme. Cuando las piernas ya no dan más, un Uber o un taxi te salva el día, y nosotras tuvimos que aguantar y seguir andando. Aun así, aguantamos y mereció la pena. Para que te hagas una idea, un trayecto corto en taxi en Tokio cuesta unos 1.300-2.000 yenes de día, con recargo de noche a partir de las 22:00; para distancias cortas con equipaje o si llegas tarde y el metro ya cerró, compensa, sobre todo si lo repartes entre varios.

El omakase: cuánto costó

El nuestro costó unos 80 € por persona. Hay muchísimas recomendaciones de omakase por internet para todos los presupuestos, así que busca con tiempo y reserva con antelación (la guía recomienda entre 2 y 4 semanas). Los precios varían mucho según el restaurante.

Si tuviera que resumirlo: no hace falta hacerlo todo, pero sí conviene darse margen de tiempo y de dinero para que el cansancio no te quite lo mejor del viaje. Más sobre costes en cuánto cuesta viajar a Japón.

Lo que no pudimos reservar: Shibuya Sky

Esto es importante: no conseguimos reservar Shibuya Sky con antelación. Al final pudimos ir por pura coincidencia, y fue una sorpresa, pero no habría que confiar en la suerte. Las entradas, sobre todo las del atardecer, se agotan rápido, así que reserva con tiempo, desde la web oficial del mirador. En GetYourGuide no hay entradas sueltas para el mirador, pero sí paseos guiados por Shibuya, como este paseo nocturno por las calles de neón de Shibuya o este paseo de arquitectura y diseño urbano (enlaces de afiliado).

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