El día que no queríamos irnos de El Nido
Diario de viaje

El día que no queríamos irnos de El Nido

El Nido iba a ser solo la primera parada de islas del viaje. Se convirtió en el sitio del que más nos costó despedirnos, y todavía no sabemos bien por qué.

El Nido iba a ser, sobre el papel, solo la primera parada de islas del viaje — el aperitivo antes de Coron y Siargao, nada más. Se convirtió, sin que lo planeáramos en absoluto, en el sitio del que más nos costó despedirnos de las cuatro paradas del itinerario, y todavía no sabemos bien explicar por qué.

Playa de Seven Commandos, El Nido
Seven Commandos Beach, una de las paradas que más nos costó dejar atrás.

Quizás fue el día de la ruta en moto hacia Nacpan Beach, parando sin prisa en miradores y pueblos que no aparecían en ningún mapa turístico. Quizás fue el atardecer en Las Cabañas, repetido varias tardes seguidas, cada una distinta a la anterior de alguna forma que no sabría explicar. O quizás fue simplemente la mezcla de todo: un pueblo pequeño con ambiente de mochilero y de resort al mismo tiempo, sin que chocara.

Fue esa sensación de que un sitio te ha dado más de lo que esperabas y todavía no estás listo para cerrarlo del todo.

El último día en El Nido, antes de coger el ferry hacia Coron, nos quedamos sentados en el puerto más tiempo del necesario, sin ninguna prisa real por movernos de ahí.

Coron y Siargao acabaron siendo, cada una a su manera, igual de especiales a lo largo del viaje. Pero si me preguntas qué parada repetiríamos primero de las cuatro, la respuesta sigue siendo El Nido, sin pensarlo mucho.

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