La comida que más me sorprendió de Filipinas
Diario de viaje

La comida que más me sorprendió de Filipinas

No fui a Filipinas esperando gran cosa de la comida. Me equivoqué, y esto es lo que más me sorprendió en 14 días entre Manila y las islas.

No fui a Filipinas con grandes expectativas gastronómicas, tengo que reconocerlo — no es un destino que se venda por su comida de la misma forma que Japón o Italia. Me equivoqué bastante, y esto es lo que más me sorprendió en 14 días entre Manila y las islas.

Lo primero fue el pescado y marisco frente al mar en El Nido y Coron: parrilladas sencillas, sin pretensiones, servidas casi con los pies en la arena, con un producto tan fresco que hacía innecesaria cualquier elaboración complicada. Algunos de los chiringuitos familiares sin nombre "oficial" que encontramos por el camino nos dieron de comer mejor que muchos restaurantes con nombre y carta plastificada.

Después estuvo el buffet de comida típica en Secret Lagoon, durante el tour de island hopping — arroz, pescado, fruta tropical, preparado por gente local para los propios barcos del tour. Sonaba a comida de excursión sin más pretensión, y acabó siendo una de las comidas que más recordamos del viaje entero.

Playa de Nacpan al atardecer
El escenario habitual de estas comidas de excursión: playa, sombra y producto fresco.

En Manila, el contraste entre la cocina filipina tradicional y la escena internacional de Makati nos hizo entender que la ciudad tiene mucho más nivel gastronómico del que se le suele reconocer fuera del país.

En Filipinas, comer bien no depende tanto de gastar mucho como de estar cerca del mar y dejarse recomendar por gente local que sabe de verdad.

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