Mi primer día en Dubrovnik
Diario de viaje

Mi primer día en Dubrovnik

Llegamos a Dubrovnik sin muchas expectativas concretas. Entrar por la Puerta Pile y ver Stradun por primera vez las superó a todas en cuestión de minutos.

Llegamos a Dubrovnik a mediodía, después de un vuelo corto y un traslado sin sobresaltos, sin muchas expectativas concretas más allá de "murallas bonitas" — la típica idea plana que tienes de un sitio antes de pisarlo de verdad y dejar que te sorprenda.

Stradun street in Dubrovnik
Stradun, the marble street that appears suddenly as you cross the Pile Gate.

Dejamos las maletas en el hotel y salimos directos hacia el casco antiguo, sin ni siquiera ducharnos, con esas ganas típicas de "quiero verlo ya". Entrar por la Puerta Pile por primera vez es un momento que no se olvida fácilmente: de la calle normal de una ciudad moderna, cruzas un arco y apareces de golpe en Stradun, la calle principal de mármol brillante que parece sacada de otra época por completo.

Caminamos sin prisa, dejándonos llevar: la Fuente de Onofrio, el Monasterio Franciscano con su farmacia centenaria, la Torre del Reloj. No intentamos verlo todo con guía en mano marcando casillas — simplemente paseamos, y creo que fue la decisión correcta para un primer contacto con la ciudad.

Cenamos tarde y salimos a pasear de noche, y ahí la ciudad se transformó por completo. No exagero al decir que parecía otro sitio.

Lo que más me sorprendió fue cómo cambia la ciudad con la luz. A media tarde, Stradun se siente turística y llena de gente, casi agobiante en algún momento. Pero de noche las multitudes bajaron, las piedras cogieron un color distinto con la luz de las farolas, y por primera vez entendimos, sin que nadie tuviera que explicárnoslo, por qué tanta gente dice que Dubrovnik de noche es mucho más mágico que de día.

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