
Mi primer día en Tirana
No esperaba gran cosa de Tirana antes de ir — era, sobre el papel, solo la puerta de entrada al viaje. Se convirtió en una de las sorpresas más agradables de los siete días.
No esperaba gran cosa de Tirana antes de ir, si soy sincero. Era, sobre el papel, solo la puerta de entrada al viaje, la parada obligatoria antes de llegar a la costa de verdad — el sitio donde aterrizar y ya está. Se convirtió en una de las sorpresas más agradables de los siete días, y de las que menos me esperaba.

Llegamos a media mañana y, después de dejar las maletas en el hotel, caminamos directos hacia la Plaza Skanderbeg sin mucho plan más allá de "vamos a ver qué hay". Es un espacio enorme, casi desproporcionado para el tamaño real de la ciudad, con la estatua del héroe nacional albanés vigilando desde su caballo y una mezcla curiosa de arquitectura otomana, italiana y soviética en los edificios de alrededor que hace que no sepas muy bien en qué década estás.
Por la tarde nos movimos hasta Blloku, la antigua zona vetada al pueblo durante la dictadura comunista y hoy el barrio con más ambiente de bares y restaurantes de toda la capital. Nos sentamos en una terraza sin más criterio que "esta tiene buena pinta", y ahí fue donde de verdad empezamos a entender la ciudad: gente joven, terrazas llenas hasta tarde, un ambiente que no pega nada con la imagen que traíamos de Albania desde fuera.
El contraste entre lo que era ese barrio hace treinta años y lo que es hoy resume, mejor que cualquier explicación que me pudieran dar, cuánto ha cambiado el país.
Cenamos en Oda, un sitio de cocina albanesa tradicional con vigas de madera y ambiente rústico — el primer contacto real con la gastronomía del país, y uno de los mejores platos de todo el viaje, algo que no me esperaba en absoluto del primer día. Salimos de allí ya con ganas de más, algo que dice bastante de cómo empezó realmente el viaje.
Un primer día tranquilo sobre el papel, pero suficiente para saber que Tirana merecía bastante más que la simple etiqueta de "puerta de entrada" que yo mismo le había puesto antes de llegar.
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