Siargao, Filipinas: la isla que me hizo quedarme más
Diario de viaje

Siargao, Filipinas: la isla que me hizo quedarme más

Llegamos a Siargao pensando que sería el cierre tranquilo del viaje. Se convirtió en la parte que más echamos de menos al volver a casa.

Llegamos a Siargao pensando que sería el cierre tranquilo del viaje, la isla para bajar el ritmo después de días más intensos entre lagunas y barcas. Y en parte lo fue. Pero también se convirtió, sin que lo planeáramos en absoluto, en la parte del viaje que más echamos de menos al volver a casa.

Mirador de cocoteros, Siargao
Coconut Road, en moto, sin prisa.
Cloud 9 Boardwalk, Siargao
Cloud 9 — el rito de iniciación.

No es una isla de grandes monumentos ni de tours con checklist, y se agradece precisamente por eso. Es Coconut Road, una carretera interminable rodeada de palmeras que no se cansa uno de recorrer en moto una y otra vez. Es encontrar una playa vacía sin haberla buscado siquiera, simplemente por girar en la carretera equivocada un día cualquiera.

Lo que más me sorprendió fue el ambiente general de la isla. Siargao no tiene la fiesta constante de otros destinos de playa — es más bien un lugar de conversaciones largas en el mismo restaurante noche tras noche, de gente que llegó "solo unos días" hace meses y sigue ahí, sin ninguna prisa por irse.

Cuanto más tiempo le das, más ganas de quedarte tienes. Es una especie de trampa muy agradable.

Al planear el viaje, le dimos cuatro días a Siargao, pensando que sería suficiente. Al final, en el aeropuerto de vuelta, los dos coincidimos en lo mismo sin necesidad de decirlo en voz alta: nos habríamos quedado una semana más sin pensarlo dos veces.

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