Volveríamos a Bali
Diario de viaje

Volveríamos a Bali

Catorce días después, con la maleta todavía sin deshacer, la pregunta no era si Bali había merecido la pena. Era cuánto tardaríamos en volver, y qué dejaríamos fuera la próxima vez.

Catorce días después, con la maleta todavía sin deshacer del todo, la pregunta que nos hacíamos no era si Bali había merecido la pena. Eso ya lo teníamos claro desde Ubud. Era cuánto tardaríamos en volver, y qué dejaríamos fuera la próxima vez.

Acantilados de Uluwatu al atardecer
El último atardecer del viaje, sobre los acantilados de Uluwatu.

Es un destino que se queda corto en dos semanas, por bien que las aproveches, y eso que las aprovechamos bastante. Volvimos hablando de Munduk, de Sidemen, de Nusa Lembongan, de todo lo que dejamos fuera de esta ruta y que ya sabíamos, antes de aterrizar de vuelta, que quedaba pendiente para otra vez.

Pocos destinos consiguen que en la misma semana pases de un templo flotando sobre un lago a nadar con mantarrayas, y de ahí a pedalear sin rumbo por una isla sin coches.

Lo que más nos quedó, más que cualquier acantilado o templo concreto por impresionante que fuera, fue precisamente ese contraste — selva y espiritualidad en Ubud, caos y surf en Canggu, aventura en las islas, y la calma de los acantilados de Uluwatu como cierre perfecto. Pocos viajes consiguen combinar tantas caras distintas de un mismo lugar sin que ninguna se sienta menos auténtica que las demás.

Si me preguntas si Bali es un destino "de una vez en la vida" o de los que se repiten, mi respuesta después de este viaje es clara, sin dudarlo: es de los segundos.

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Ubud, Canggu, Nusa Penida, Gili Trawangan y Uluwatu en 14 días, con la ruta ya resuelta y probada por nosotros mismos.

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